Organización Mexicana para el Conocimiento de los
Efectos Tardíos de la Polio, A.C.
-OMCETPAC-
Organización Post-polio México

"Con los pies sobre la tierra"

Por Patricia Díaz V.
Septiembre de 2005, Barcelona, España
omcetpac

Me llamo Patricia Díaz V. y nací el 4 de noviembre de 1950, por lo que hoy tengo 54 años de edad. Mi nacimiento tuvo lugar en un pequeño pueblito del norte de la República Mexicana: Santa Ana, Sonora.

Mis padres han sido primordiales en el manejo que yo le he dado a mi vida con polio. Se casaron siendo ambos muy jóvenes; mi madre tenia 16 años y mi padre 19.

Aquellos jóvenes me compartieron siempre sus vívidos recuerdos sobre lo ocurrido el 27 de septiembre de 1951. Aquel día, mientras cambiaban los pañales a su segunda hija, observaron que sus piernitas estaban convertidas en miembros flácidos y sin fuerza; como "trapos", sin movilidad, además de que presentaba un llanto desmedido de dolor y fiebres muy altas. El médico de la población vecina diagnosticó "fiebre intestinal".

En el pueblo, el médico rural ignoraba la magnitud del problema, por lo que envió a mis a mis padres, junto conmigo, a Hermosillo, la capital del Estado.

Allá le informaron a mis padres que se trataba de una enfermedad desconocida, tal vez contagiosa, de tal forma que no fui atendida en hospital alguno, por lo que unas monjas que manejaban una clínica privada en un convento fueron quienes me trataron, siempre con las medidas que corresponden a una enfermedad infecto-contagiosa.

Eso es lo que me han platicado mis padres y eso es lo que constituye la presentación entre la polio y yo, pero ella ha estado en mi vida y forma parte de mí, pues he vivido con el esfuerzo y el dolor que me ha implicado, y con la limitación que me trae el hecho de tener menos fuerzas en mis piernas, a medida que pasa el tiempo.

Mas, por otra parte, no soy participe de cuestionarme razones, causas o motivos de mis vivencias. En mis relaciones interpersonales sólo puedo deciros que llevo dos matrimonios, con sus respectivos divorcios. De mi primer matrimonio tengo a mis dos hijos, un hombre y una mujer, de 28 y 23 años respectivamente. Ellos han sido, son y seguirán siendo el amor de mi vida.

Estudié la carrera de Trabajadora Social, con especialidad en Psiquiatría y mi experiencia laboral tuvo lugar en centros de salud mental.

Tomé conciencia de la magnitud de mi situación física en 1999, cuando me llamaron para ser titular de la Dirección del Programa de Atención a Personas con Discapacidad, en el Gobierno del Estado. Periodo profesionalmente exitoso.

Mas, fue desempeñando esa labor cuando reparé en mí, cuando tomé conciencia de lo que había hecho con mi vida, y de la nula atención que había tenido conmigo misma, es decir, de lo mucho que yo, inconscientemente, inmaduramente y casi irreflexivamente, había, sin saberlo, lacerado mis reservas físicas.

En el desempeño de esa labor me di cuenta de lo que era ACEPTAR ser una “Persona con Discapacidad”. ¿Invidentes, enfermos mentales, personas con problemas auditivos o personas con discapacidad motriz; cómo era eso?

¿Con qué autoridad moral podía yo actuar en sensibilidad para con las personas iguales a mí, si yo, Patricia Díaz, no había sabido, ni había tomado conciencia de la polio en mi vida, si siempre me manejé como si ésta no existiera, o como si fuera una característica más en mi persona, como el color de mis ojos o el de mi piel.

Viví siempre racionalizando y me mantuve en todo momento indolente en relación a mi polio. Por ello, cuando, accidentalmente, navegando en internet y buscando sobre discapacidad, conocí grupos integrados por personas con polio. Descubrí entonces, y sigo descubriendo, a personas exactamente iguales que yo; almas gemelas, amigas y amigos a quienes nos une, ahora sí para mí, una realidad compartida; un dolor acompañado y una resistencia y fortaleza dignificadas. Antes comentaba a familiares y amigos que yo siempre me manejaba en la realidad, pues tenía cuatro pies sobre la tierra: mis dos muletas y mis dos piernas.

Ahora, siendo parte de este grupo, siento que soy una persona privilegiada, no por ser yo, sino porque ahora mi silla de ruedas me recuerda todos los días que debo mantener mi atención y cuidados en mis fuerzas, y en valorar diariamente a los demás que, al igual que yo, sabemos y sentimos intensamente las ventajas que implica el descanso, la reflexión y la atención a nuestra situación.

Ello ha sido mi vida con polio. No sé cómo sería sin ella.

Hoy no pretendo ya más demostrar nada. Ya sé cómo es la polio. No pretendo nada diferente. Sólo que ahora existe entre ella y yo una disponibilidad de mi parte, como el nacimiento de una cualidad mayor, fruto de la experiencia, de la plenitud y su conocimiento. Es como el nacimiento de un amor que es verdaderamente incondicional, sin expectativas, ni demandas.

Así he vivido, así he sentido y así soy, mas ahora mis padres no me han platicado de la polio, como de pequeña. Ambas hemos madurado y nos respetamos las dos.

Patricia Díaz

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Edición por Sergio Augusto Vistrain