Organización Mexicana para el Conocimiento de los
Efectos Tardíos de la Polio, A.C.
-OMCETPAC-
Organización Post-polio México

"Sé el mejor arbusto del valle"

Por M. Teresa Sole Mercade
Cataluña, Febrero de 2009
Si no puedes ser un pino en la cima de la montaña, sé un arbusto en el valle, pero sé el mejor arbusto del valle.
omcetpac

Mi historia empieza en un pueblo de Tarragona (Cataluña, España), siendo hija de una familia muy humilde. Cuando mi hermana tenía 4 años y yo 9 meses hubo una epidemia de poliomielitis en la Provincia y me afectó a mí. A pesar de vivir en un pueblo de apenas 500 habitantes, el médico de familia se dio cuenta al momento que era un ataque de esa enfermedad, por lo que mando a mis padres acudir a un neurólogo, el Dr. Barraquer, quien ese mismo día me inyectó inmonoglobulina entre las vertebras, para frenar de esta manera la infección. He consultado con varios médicos, y me han dicho que con toda seguridad eso me ayudó, aunque, desde luego, era un tratamiento muy caro.

El Dr. Barraquer les dijo a mis padres que me llevaran a Tarragona a la Clínica Sta. Tecla, con el Dr. Jose Cañadell i Carafí (aún vive, y estoy en contacto con él), médico que ya tenia cierta fama. Fui a esa clínica privada a hacer rehabilitación durante 7 años; 4 horas diarias. A los dos años se me practicó la primera de un total de 10 operaciones. Poco a poco fui recuperando la fuerza en la pierna afectada. A los 7 años trasladaron al médico a Barcelona y mis padres también se trasladaron a esa ciudad para que él me siguiera viendo. Luego pasé a la Cruz Roja de Barcelona, donde me siguieron tratando, hasta los 17 años, cuando finalmente me dieron el alta.

Fui una niña feliz, querida por toda la familia y tuve buenas amigas. Nunca me sentí diferente, porque nunca me trataron diferente. En la adolescencia conocí chicos y chicas quienes venían a casa cuando era intervenida y organizábamos fiestas (bailes). ¡Qué paciencia la de mi madre! El comedor se convertía en una discoteca. Me imagino que ella se encargaba luego de limpiarlo. Yo vivía al margen de la polio; para mi era algo secundario, pero ¡qué difícil tuvo que ser para mis padres!

De niña creía que mi padre no me quería, porque apenas sí lo veía; se iba a trabajar a las 5 de la mañana y volvía a las 10 de la noche, cuando yo ya estaba dormida. Quien estaba siempre a mi lado era mi madre, así que me sentía ignorada por mi padre; no había contacto con él, sólo tenia fiesta el domingo y, como muchos hombres, solía ir al casino del pueblo a echar unas partidas de dominós. Así lo creí hasta que cumplí los 12 años e iban a intervenirme de la operación de alargamiento de 8 cm de la pierna, (operación muy dolorosa) y, al entrar al quirófano, mi padre se echó a llorar, abrazándome. No lo entendía, porque yo iba contenta. Pero descubrí en ese momento lo que me quería. Tenia que trabajar dos jornadas para poder pagar los gastos hospitalarios. A partir de ese día mi visión hacia él cambió.

Mi madre nunca estrenaba un vestido. Apenas podía ir a la peluquería. No tenía para un capricho. 4 años después de mi nacimiento venía en camino mi hermano, hijo no deseado porque ni había dinero, ni tiempo de cuidarlo, pero vino, y mi hermana con 8 años se hacia cargo de él mientras estaba mi madre conmigo Porque las 4 horas de rehabilitación siempre estuvo a mi lado. Teníamos que recorrer 15 km cada día en bus (de los de antes).

Ahora, mirando atrás, veo todo el esfuerzo de mis padres, mi hermana mayor que fue privada de muchas cosas, y un hermano que quedó en un segundo plano, y que murió de cáncer a los 45 años.

Podría decirse que la polio afectó mi cuerpo “en segundo plano”, mientras que a todos en mi familia les afectó “de lleno”. No fue sino hasta mis 17 años, cuando me puse a trabajar, que empezaron todos a “vivir”. Fue entonces cuando conocí a quien hoy es mi marido, y con quien tengo dos hijos. He hecho deporte; a los 14 años patinaba con patines de ruedas, aunque lo hacía a escondidas de mis padres, hasta que de una caída me rompí el brazo. Nunca he sentido rechazo, y nunca me sentí discriminada, sino hasta hace menos de un año, con un interventor del AVE. Por cierto que presenté mi reclamación y me han dado la razón.

Clínicamente me siento privilegiada. Psicológicamente siento el dolor que tuvo que pasar la familia, a consecuencia de todas las privaciones que por mí pasaron.

A los 56 años se me diagnosticó el Síndrome Post-Polio (SPP). Ahora tengo 58, y siento que mi cuerpo de dice “¡Basta ya!”. Pronto quiero empezar a tramitar la invalidez, y dedicarme más a cuidarme y descansar un poco.

Maite

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Edición por Sergio Augusto Vistrain